Imagen cortesía de: Columna digital

A diario se observan innumerables noticias de muerte de personas, ‒Según las estadísticas de guerras y conflictos mundiales− quienes pagan el precio por una sociedad o un mundo que no ha sabido transformar las balas en palabras, y los muros en pan para sus pueblos. Son los más inocentes. Niños que mueren por desnutrición, falta de atención médica, enfermedades mortales y los casos más insólitos de negligencia médica.

Quienes arrastran las consecuencias de vivir en un mundo que no ha sabido dar tregua al odio, desesperanza, los desastres macabros gubernamentales,  y bélicos. Personas arropadas en el miedo que viven tras la guerra con los recuerdo de sus muertos, del abuso del poder, de la necesidad, del hambre, de las consecuencias que aún habitan en las partes de este país. Muchos estudios han arrojado que muchos niños confundidos cambian los lápices por rifles y artillería pesada. Los estudios revelan que millones mueren por no contar con los recursos necesarios para sobrevivir, muchos no logran consumir ni siquiera el veinte porciento de los nutrientes necesarios, no cuenta con agua y otros aspectos importantes para poder vivir.  Muchos análisis afirman que las personas que tienen el poder no les interesan el sufrimiento de estos países, que padecen tanto guerras como hambre.

¿Cómo logran sobrevivir algunos del hambre y del abuso del poder?

A lo largo del tiempo muchos críticos han observado los diversos conflictos que  dejan huella importante en la historia, convirtiéndose en un constante siclo caordico.  Para muchas organizaciones, suele ser más importante actuar en los temas de guerra que en los de hambre. La ONU ha formado eje central en estos temas, y suele actuar −según el criterio de muchas personas de los países necesitados− donde hay más publicidad en vez de necesidad. La personas que se ven afectadas por los diferentes conflictos revelan la grave decepción que tienen hacia quienes los gobiernan. Al observar las críticas, podemos decir que estas últimas décadas el hambre y los estragos del poder, han hecho de las suyas dejando muertes e incontables lágrimas.

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